La mayor parte de nosotras nos pasamos la vida tratando de ver que sentido tienen las circunstancias que se van produciendo en nuestra vida. Buscamos el significado a través de la revisión de nuestra historia, de la familia de la que procedemos, del lugar donde nacimos y crecimos, de las dificultades por las que hemos tenido que pasar… de nuestros triunfos y de nuestros fracasos. Nuestra historia nos proporciona un sentido de identidad y nos ayuda a organizarnos para reorientarnos en una dirección que nos otorgue sentido y desarrollo.
En una sociedad patriarcal, la mujer se escinde de su naturaleza femenina en su esfuerzo por ser aceptada. El primer vínculo con lo femenino es el vínculo con la madre, pero dado que ella también está inmersa en esta cultura, su imagen se nos aparece estereotipada hasta el punto de que la imagen arquetípica de La Madre pierde sentido. Es heredera de la sensación de inferioridad femenina, muchas veces convertida en víctima, lo que refuerza que busquemos otros modelos más atractivos en sintonía con los valores vigentes: búsqueda de estatus, productividad, ansia de perfección…
El viaje de vuelta a casa comienza cuando nos damos cuenta de que nos hemos alejado de lo femenino y hemos vivido desde los valores y visión masculinos. Hemos sido orientadas hacia la productividad en un entorno competitivo, y así, cada día, con nuestra armadura y nuestra espada, nos dirigimos hacia el campo de batalla para alcanzar el éxito. Metas como títulos académicos, prestigio, ascensos, aplausos por la labor artística, relaciones amorosas y estabilidad económica, forman parte de la búsqueda de identidad de cualquier mujer. Es de este modo como nos convertimos en exiliadas en nuestro propio cuerpo. Separadas de nuestra propia esencia y llenando cada día de cosas que hacer sin tener el espacio para simplemente ser.
Entonces surge algo que nos invita a ir más allá de la seguridad de lo conocido, damos un paso firme y preparamos el viaje en busca de una misma, pero ninguna mujer viaja sola. En el transcurso de cualquier viaje heroico nos vamos encontrando gran cantidad de aliados y enemigos. De hecho algunos aliados funcionan como enemigos y al revés.
Vamos a examinar las pruebas que pueden presentarse en el camino para estar preparadas y tener más recursos para afrontarlas.
El primer adversario puede mostrarse en forma de voz interna que suena algo así: ¿para qué te vas a aventurar…? Se está bien aquí, ya conoces esta forma de vida… ya lo tienes controlado…. no te va tan mal… no lo vas a lograr y vas a perder un montón de tiempo… vas a sufrir… no merece la pena…
Tus aliados serán la esperanza y la perseverancia. Has de creer en ti misma y en la integridad de tu búsqueda aunque estés llena de dudas. Es aquí donde tu intención firme será decisiva para vencer las resistencias
y los miedos al cambio.
El segundo adversario es la dependencia emocional. A las mujeres se nos ha enseñado a dejar de lado nuestras necesidades por amor a otra persona y a velar por las necesidades de dependencia de otros y a la vez creemos inconscientemente que debe de haber alguien que vele por nosotras. ¡Ojo! Este adversario puede mostrarse de forma muy sutil y escurridiza. A menudo se cuela cuando no nos atrevemos a hacer algo nuevo solas y nos volvemos cómodas buscando que otro (pareja, familiar) haga la tarea, o cuando complacemos en exceso impidiendo que el otro tome parte activa y responsable…
Observa si te entregas y luego sientes que has sido utilizada, o si desearías comunicarte más libremente pero algo te lo impide.
El aliado contra la dependencia es la autoestima, y ¿Sabéis dónde se cultiva?
En el corazón. A través del amor a ti misma, mirándote con buenos ojos, tal como eres en este momento es como poco, aceptable y abrirte a la reconciliación profunda con tu pasado y presente.
Otro adversario es el mito de la inferioridad de la mujer. Toda mujer lleva un patriarca interiorizado que refleja las creencias del conjunto de la sociedad respecto a la inferioridad de las mujeres y soporta el peso de al menos 5.000 años de pensamiento patriarcal. Por ello tendemos a ser tan críticas con nosotras mismas mientras que los hombres tienen la tendencia de juzgar a los demás. Está grabado en nuestra memoria colectiva y lo que podemos hacer es identificar su voz cuando nos autoexigimos y tendemos al perfeccionismo.
Nuestro aliado será tomar conciencia de que somos mujeres en tiempos de profundos cambios, estamos pasando de una era de predominio de lo masculino y lo dual a un nuevo tiempo basado en la energía femenina y el sentimiento de unidad y que poquito a poco vamos tomando nuestro lugar.
El amor romántico es otro mito grabado a fuego desde los cuentos infantiles, películas, canciones… fantasías…encontrar una figura masculina que nos mantenga por siempre enamoradas, nos resuelva los problemas y llene nuestros vacíos. Esto llevado a un nivel más sutil, podría manifestarse como la actitud de esperar que una vez que se asiente algo en el exterior, nuestra vida cambie y alcancemos la felicidad. Esperamos la transformación como un rescate desde fuera y no como resultado de nuestro crecimiento interior.
La confianza en el proceso de la vida es el aliado que nos ayudará a vaciarnos de falsas esperanzas y empezar a vivir nuestras propias aventuras.
Hay otro mito a enfrentar como mujeres: es el de que nunca es suficiente. A menudo la mujer se pierde en la búsqueda del éxito y la validación continuos y se sucumbe ante las expectativas y exigencias de lo demás.
Nuestro aliado lo hallaremos poniendo límites que respeten nuestro bienestar y aprendiendo a decir “No”.
Una antorcha para iluminar nuestro camino es una herramienta básica para la buena exploradora. Con ella una puede evitar tener que dar rodeos innecesarios y ver mejor donde está el sendero que conduce a su destino, pero recuerda comprobar que sea tu luz interior la que ilumine tu camino.
Apuntes y reflexión personal del libro: «Ser Mujer, Un viaje Heróico» de Maureen Murdock