Muchos de nosotros habremos escuchado la frase “el dinero no da la felicidad, pero yo prefiero llorar en un ferrari”. Parece una frase simpática e irónica y efectivamente lo es, pero la lectura profunda que sacamos de ella no lo es tanto. Este tipo de ideas son heredadas de un neocapitalismo salvaje, que provoca que odiemos en ocasiones nuestra vida, nos sintamos fracasados y pensemos que todo resultaría mucho mejor si tuviéramos ”X” para ser feliz.

Dicen que las penas con dinero son menos. Sin embargo, son las mismas, solo que adornadas por un envoltorio más atractivo para los demás, no tanto para ti. Por un lado, es cierto que un trabajo y un nivel económico medio ayuda a que nos sintamos más relajados. Sin embargo, no es menos cierto que el dinero no da la salud mental; muy al contrario, en algunos casos no hace sino agravar ciertos problemas y suplir de una forma errónea ciertas carencias.

Porque si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te hace falta, o con lo que crees que te hace falta. Porque vivir en ese estado no es una ambición sana, sino un estado de desasosiego que provoca que te pierdas momentos únicos de la vida.

La vida no empieza en el momento en el que consigas lo que quieras

Las tasas de desempleo que soportan actualmente muchos países tienen consecuencias psicológicas a corto, medio y largo plazo. Pero, dejando a un lado la cuestión social y económica, habría que ahondar en los factores que explican la necesidad constante -tan presente en la sociedad occidental- de renovar los deseos materiales.

Piensa en esa persona que espera a tener el suficiente dinero para pasar unos días en la playa con su familia o a conseguir un determinado puesto o laboral para poder reunir en una fiesta a sus amigos y celebrarlo. ¿Qué habrá pasado con su ánimo durante todo ese tiempo? Probablemente habrá estado congelado y supeditado a un acto futuro, a esa posibilidad, empujando las manecillas del reloj para que llegara.

Así, si esperas algo externo para terminar con esa sensación de vacío interior, en realidad estás malgastando un tiempo que ya no va a volver. Puede que cuando llegue esa gran noticia, si es que llega, tus ánimos se hayan quedado exhaustos por el camino de la espera.

Nadie dice que no tengamos que tener aspiraciones, pero estas no pueden relegar permanentemente a la realidad que tenemos delante. No olvidemos que afrontarla en ocasiones requiere de mucha valentía, de una extrema tolerancia a la frustración e incertidumbre. Es cómodo salir a cualquier lado sabiendo que todo lo que dejas atrás está en orden, pero la vida no es solo una cuestión de seguridad o de tenerlo todo atado, también es la habilidad de convivir con el riesgo.

A veces, cuando una puerta se cierra se abre un universo entero

La certeza da tranquilidad, no felicidad

Hay que atreverse a sacar partido a tu energía sin que esta tenga que tener un plazo idílico para aparecer. Piensa que solo explorando la que ya tenemos encontraremos nuevas fuentes para cargarnos de ella. La vida se va componiendo de etapas y todas tienen un encanto especial que muchas veces solo apreciamos cuando las vemos en retrospectiva.

Ser feliz con lo que tienes no es ser conformista. Saber sacar partido a las cosas positivas de tu vida no es una mentalidad subsidiaria y derrotista. Saber reconocer lo bello en las personas y situaciones cotidianas que te rodean es aprender que somos quienes somos por la paz que tenemos y transmitimos, aunque nuestros bolsillos a veces estén vacíos. Ser feliz con lo que tienes es aspirar a mejorar como persona, no como objeto.

Aprender a no perder el control ni el juicio por una mala situación económica no se negocia con bancos. Se adquiere con lecciones, se percibe con los ojos, se combate con los recursos del intelecto y se acepta de corazón. Lo más valioso de esta vida es la paz interior y eso requiere también haber pasado por períodos de total incertidumbre. No es algo que se adquiera con una nómina o a plazo fijo. Es un arduo y largo trabajo emocional.

hombre saliendo marco

Si bien es cierto que toda persona ansía alcanzar lo que cree necesario para ser más feliz, no es menos cierto que si ese deseo le arrebata toda pasión por el presente, más que un deseo es una autoimposición nociva.

Nuestros sueños tienen que conseguir hacernos fluir, nuestras metas tienen que conseguir que ese fluir no sea un vaivén sin sentido, sino una apuesta por un trabajo o responsabilidad serios para obtener aquello que nos hace trabajar pero vibrar a la vez. Ser feliz con lo que tienes es una apuesta por el presente que se verá reflejada en tu futuro.

 

 

Por Cristina Roda Rivera

fuente: https://lamenteesmaravillosa.com

Foto portada Christian Schloe art

Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta

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