La zona de confort nos obstaculiza el crecimiento personal y hace que la autoestima se reduzca. Nos sentimos incapaces y cobardes. Aprende a salir de ella

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Cuando hablamos de zona de confort, nos estamos refiriendo al conformismo, es decir, nos hacemos a la idea de que tenemos que vivir de esa manera, nos guste o no, y no nos planteamos metas o retos por miedo. Este estado nos hace acomodarnos y por tanto, nos perdemos algo fundamental para nosotros mismos, el crecimiento personal.

Hay refranes históricos que le dan credibilidad a la zona de confort. Unos ejemplos de ello son: “es mejor malo conocido que bueno por conocer” o “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Desde hace siglos se nos insta a mantenernos en la zona de confort porque es lo seguro. Ahora bien, este término, confort, es un concepto que confunde. La zona de confort no siempre es cómoda. Muchas veces genera inseguridad, baja autoestima y miedo. Quedarse en ella hace que nos sintamos cobardes y poco capaces pero arriesgarse supone la posibilidad de perder, y eso nos da miedo.

En terapia visito muchas personas que están en la zona de confort y ni siquiera son conscientes de ello. Cuando les planteo que quizás están ahí muchos se sorprenden y añaden que la zona de confort no es agradable. Evidentemente, pero la posibilidad de arriesgar y que salga mal les mantiene en ese miedo constante que les impide crecer como personas y no mueven ficha. Normalmente explico la siguiente analogía: es como si tu mayor ilusión fuera comprarte un barco y navegar con él por recorriendo calas. Consigues ahorrar durante años ese dinero para comprarte el barquito y cuando lo tienes y te sacas el carnet, lo mantienes anclado en el puerto. Cada día vas a verlo, lo contemplas, lo limpias, lo pintas, lo cuidas con mimo, pero no sales con él por miedo a no saber manejarlo bien, o a cruzarte con un barco más grande, o encontrarte marejada, etc. La zona de confort es eso, ese miedo que te incapacita y hace que no luches por tus sueños. Evidentemente tú quieres salir con el barco, quieres navegar, quieres disfrutar de la brisa, pero el miedo te impide hacerlo.

Ahora que sé que estoy en la zona de confort, ¿cómo salgo de ella?

Salir de la zona de confort no es más que apostar todo a una sola carta. Es difícil, porque la posibilidad de perder existe, pero el beneficio que puedes conseguir es muy elevado.

  1. Piensa en tus sueños y metas, y valora los pros y contras de cada opción. Normalmente el pro de la zona de confort es quedarte cómo estás. Y eso, sintiéndolo mucho, no es un pro. Salir de la zona de confort es arriesgado, pero como mínimo te sentirás valiente y estarás persiguiendo tus metas. Por ejemplo, imagina que llevas años comportándote de una manera que no quieres, pasas desapercibido/a por miedo a la crítica, no te muestras y tienes amigos/as que no te llenan porque vas al son que ellos marcan debido ese miedo que tienes a mostrarte y que te rechacen. Quizás las personas de las que te rodeas no te gustan, pero son las que tienes. Salir de la zona de confort en este caso sería quitarte esa máscara y mostrarte en desacuerdo si algo te molesta, empezar a ser tú. Eso te expone al rechazo, pero quizás es importante que te plantees si esas personas de las que te estás rodeando son con quien te quieres relacionar. Conocer gente nueva y hacerlo sin la máscara también sería salir de esa zona de confort.
  2. Piensa en alguien que conozcas que no sea nada conformista y que persiga sus sueños. ¿Lo tienes? Pues ahora intenta un día, sólo un día, jugar a ser esa persona. Pero no con sus gustos y valores, sino con los tuyos. Adopta su valentía y coraje. Piensa como lo haría esa persona que es valiente y segura y actúa como lo haría ella. Recuerda, sólo es un día. Es como la cenicienta, al acabar el día, volverás a ser tú, y por tanto, no habrás perdido nada. Ahora bien, puede que quieras repetir un día más en la piel de esa persona. Si es así, ¡Adelante!
  3. Busca pequeños cambios con los que te sientas cómodo/a y que no supongan un gran reto. Si tu problema es que no sabes si sigues enamorado/a de tu pareja y no te atreves a salir de tu zona de confort, evidentemente te resultará muy difícil plantearle a él o ella la situación. Por tanto, busca pequeñas cosas que te ayuden a salir de esa zona de confort. Haz más cosas por tu cuenta, queda más con amigos, retoma hobbies, etc. Todos esos cambios te darán pistas sobre el estado de la relación y te ayudarán a ver con más claridad.
  4. Sé consciente de tu zona de confort y de las pequeñas trampas que te pone en el camino. Imagina que tu problema es que te compraste un piso y quieres independizarte pero no encuentras nunca el momento. Puedes pensar: no se está tan mal viviendo con los padres, podría alquilarlo y sacarme un dinerillo, sigo siendo joven, no pasa nada si lo alargo un poco más, así puedo ahorrar…. Siento decirte, que eso es miedo y excusas que tú mismo/a te pones. Independizarte será la prueba de fuego de que puedes hacerlo. Piensa en lo que harías si no tuvieras miedo y enfréntate a ello. Normalmente la anticipación suele ser más catastrófica de lo que sucede en realidad cuando nos ponemos a prueba. Valora las veces que anticipaste que algo iría mal y luego no ha sido tan dramático. ¿Por qué va a ser diferente ahora?
  5. Visualiza tu futuro si sigues de la misma manera y luego visualiza tu futuro ideal. ¿Coinciden? Si no es así, no esperes a que una varita mágica te ayude a conseguir tus metas. Recuerda, el camino se hace al andar. Por tanto, céntrate en pequeñas metas, pequeños cambios que te ayuden a salir de ese miedo y arriesga.

Recuerda, un poco de ansiedad es positiva y nos hace sentirnos vivos. Si actúas por inercia, es como si fueras un autómata. ¡Vive tu vida, que sólo hay una! Cada día es una oportunidad de cambio.

 

 

Encarni Muñoz Silva

fuente: http://www.mundopsicologos.com/

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