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La psicología transpersonal va poco a poco haciéndose espacio entre nosotros. Todavía es una gran desconocida e incluso se asocia a algo alternativo o esotérico. “Transpersonal” significa más allá de lo personal: se refiere a la desidentificación con nuestra autoimagen, nuestra biografía, las emociones que experimentamos o las creencias que poseemos. Desidentificarnos de esa pequeña identidad que creemos ser, para ir abriéndonos a un sentido de identidad más amplio y que aporta mayor sentido, a partir del que re-colocar lo que nos sucede y re-colocarnos en la vida.

El propósito de la psicología transpersonal es desarrollar el potencial de los seres humanos, mediante métodos y aplicaciones terapéuticas para transcender el ego y sanar los patrones psicológicos que nos limitan consciente o inconscientemente. Para ello trabaja simultáneamente dos ejes:

  • el crecimiento personal y
  • la apertura a experiencias de consciencia ampliadas que otras corrientes de psicología ignoran.

Se detiene explícitamente en experiencias en las que nuestro limitado sentido de identidad “se expande” y que acontecen, casi siempre, acompañadas de un sentimiento de conexión con una realidad más grande y significativa que aporta meta-comprensiones sanadoras. En realidad, no son experiencias inalcanzables, quién más y quién menos las conoce: aquel día en el que escuchaste esa música sublimemente interpretada, el momento inolvidable de estrechar y oler a tu hijo recién llegado, contemplando el atardecer sereno sobre el mar o en el instante de éxtasis haciendo el amor. Si has tenido un accidente grave, quizás recuerdas cómo toda tu vida pasó ante ti fotograma a fotograma, en un discurrir en el que el tiempo se distorsionó hasta que toda tu vida cabía en apenas unos segundos.

Buscando experiencias de ese tipo, la humanidad ha recurrido a procedimientos como el ayuno, el yoga, ciertos modos de respiración, el sexo, la danza, la meditación o sustancias utilizadas ritualmente. Todos para inducir estados de conciencia diferentes que permitían comprensiones en las que, el sentimiento de orfandad cósmica, se transmutaba en

experiencias de integración con “la totalidad”,

la naturaleza o arquetipos simbólicos; un modo de superar el vacío interno, la sensación de separatividad, de aportar una dirección y sentido profundos, de experimentarnos integrados en una totalidad mayor y no como gotas dispersas lanzadas al azar de la nada.

Todo esto puede sonar extraño, filosófico, metafísico o simplemente increíble. Pero los nuevos desarrollos de la ciencia no hacen más que confirmar que la dimensión transpersonal no solo existe, sino que probablemente es más real que la que normalmente consideramos. Porque estamos muy condicionados a dar carta de realidad solo a lo que nuestros limitados sentidos pueden percibir, pero esto no está tan claro ni siquiera para lo que llamamos “ciencia”. La física clásica admite once dimensiones de lo que llamamos “realidad”; curiosamente puede medir sus efectos, pero solo conoce y maneja cuatro de ellas: las tres dimensiones temporales y la espacial, lo que significa que siete son desconocidas porque escapan de su“método de conocimiento”. En cambio la física cuántica acaba de recibir un espaldarazo a su hipótesis de la existencia de multiversos, basada en las ondas gravitacionales, recientemente encontradas y medidas.

“Cada vez está más claro que la ecuación

“mente = cerebro” es una ecuación falsa.”

Los nuevos paradigmas científicos están planteando asombrosas teorías relacionadas con la mente humana que hacen tambalear el modelo materialista del cerebro. Cada vez está más claro que la ecuación “mente = cerebro” es una ecuación falsa. La visión de que la materia, el “cerebro”, es la que crea ciertos procesos inmateriales, la “consciencia”, está ya obsoleta. Claro que ciertos aspectos de la consciencia dependen, parcial o totalmente, del funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso; pero existen otros que superan las limitaciones físicas de lo neuronal: resulta difícil  que experiencias como el amor, el sentido de trascendencia, la imaginación, la intuición, la creatividad artística o la sensibilidad musical tengan exclusivamente un origen neurofisiológico.

En estos tiempos, en consonancia con un nuevo paradigma de comprensión de la vida, del mundo y de nosotros, cada vez hablamos más de un nuevo tipo de inteligencia: la inteligencia espiritual, capaz de abarcar los aspectos metafísicos y trascendentes de la existencia humana. No se trata de una inteligencia que se refiere solo a los reinos celestiales: los estudios sobre ella revelan que produce cambios significativos en la persona a nivel intelectual, psicológico, emocional, moral y social. Una nueva disciplina, la neuroteología, rastrea el correlato cerebral de experiencias expansivas de conciencia,  y encuentra lo que llama:

“el punto divino”

en la fisura de Silvio del lóbulo temporal derecho: un grupo de neuronas que están implicadas en estas experiencias místicas unificadoras.

La psicología transpersonal está interesada en el significado subjetivo que estas experiencias tienen para las personas y en su  poder para provocar en ellas una transformación sanadora y evolutiva, de mayor maduración. Considera que estas experiencias, si van parejas a un desarrollo personal sólido, suscitan comprensiones profundas de la realidad que disminuyen el sufrimiento y la falta de sentido de lo que toca vivir en cada momento, y aportan una visión más serena e integrada de la vida. Quienes transitamos por estos caminos, estamos completamente seguros del profundo y transformador cambio que experimentan quienes cruzan el umbral de los“reinos transpersonales”.

Ana Gutiérrez Directora Pedagógica de la EDTe

FUENTE: https://escuelatranspersonal.com

PSICOLOGIA TRANSPERSONAL Y CIENCIA

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