images (1) Descubre las claves Mindfulness para el desarrollo emocional de los niños 

Vivimos un apasionante momento histórico en el mundo de la educación, en el que el crecimiento interior de los niños empieza a ser valorado por los educadores al menos en la misma proporción en el que se ha valorado su salud física. Un interior que, más allá de la mera acumulación de información sobre el mundo y la adquisición de destrezas y capacidades de lectoescritura, cálculo y razonamiento, revela un verdadero cultivo interno a través del desarrollo emocional de los niños.

Un tema que ha ocupado en los últimos años a cada vez más expertos en educación, y que finalmente ha sabido instrumentalizarse a través de las herramientas que proporciona mindfulness en sus frescas y nutritivas adaptaciones al mundo de los niños.

Lo primero que descubre un educador mindfulness al tratar de estimular este desarrollo emocional en los niños, es que poner en práctica estas innovaciones supone para sí mismo el reto de reeducarse y de estar atento a sus propias reacciones emocionales, patrones inconscientes y al desarrollo de una paciencia que tiende a agotarse y llegar a abrasar, más cuanto mayores sean nuestras expectativas e ideales educativos a alcanzar.

La primera clave mindfulness para aplicarse a uno mismo es mostrar una tremenda compasión hacia nuestras propias limitaciones. Solo así comenzamos a generar una genuina aceptación y paciencia hacia el singular momento evolutivo de quienes acompañamos.

Los niños viven en un maravilloso “ahorismo” en el que todos sus deseos tienen que ser imperiosamente realizados “ahora mismo”. El camino que lleva a aprender a gestionar esa espontánea impulsividad con la que naturalmente nacemos es, sin duda, largo, y se realiza acompañando cada paso con atención sostenida.

Cada momento de frustración para el niño puede ser visto como uno de esos pequeños pasos, como una oportunidad, en lugar de como un nuevo contratiempo. El mundo emocional se desarrolla y enriquece tan solo cuando la emoción ocurre y tiene (su) lugar. Cuando vemos al niño enrabietado, aterrado, desconsolado…

¿Tratamos de hacer desaparecer la emoción lo antes posible? ¿Cuánto nos incomodan estas emociones? ¿Somos capaces de sostenerlas?

Como adultos, vemos que las situaciones que han provocado estas emociones son vistas desde una perspectiva desproporcionada y distorsionada por la mente niño; vemos claramente que “no es para tanto”, y que “no hay razón para ponerse así”. “Ya está, venga, ya pasó… déjalo ir”.

¡Cómo si fuera tan sencillo! Aprender a soltar las emociones y “dejarlas ir”es seguramente una de las capacidades más complejas que pueden aprenderse a través de la práctica de mindfulness.

La vía del Mindfulness nos permite desarrollar la capacidad de gestionar nuestro mundo emocional, al tiempo que acompañamos la maduración y crecimiento de los pequeños.

Las claves para el desarrollo y crecimiento emocional de los niños, son:

  1. Aprender a nombrar lo que estoy sintiendo.Nos parece tan evidente que el niño está enfadado que no se nos ocurre preguntar: ¿cómo te sientes? O incluso facilitar su reconocimiento peguntando: “¿estás enfadado?”. Lo fundamental, desde la perspectiva de Mindfulness, es que el foco de atención del niño ha cambiado o, al menos, se ha ampliado, desde la situación que originó la reacción emocional a la emoción en sí. Se ha generado una pequeña distancia entre la emoción y quién la observa por el mero hecho de “darse cuenta” de lo que está sintiendo y nombrarlo con la ayuda del adulto.
  2. Permitirse sentir la emoción.El regalo de presencia de los educadores mindfulness es en este sentido invaluable. Sin necesidad de intervenir para cortar o racionalizar la emoción, el educador permanece al lado del niño, con la confianza interna de que el niño irá conociendo el camino para estar con su emoción. Le acompañamos a vivir todo el desenvolvimiento de la emoción, alcanzando su pico y viviendo cómo se va deshaciendo de forma natural. En momentos más calmados los niños pueden aprender técnicas mindfulness de respiración que les ayudan a vivir su mundo emocional de una manera más consciente. Conviene recordar que todas las emociones son lícitas. Enfadarse tras una frustración es normal, y en este sentido no se trata de negar la emoción o reprimirla. Lo que sí tenemos que ayudar a controlar externamente son las manifestaciones agresivas de esta ira. ¿Estamos dispuestos a aceptar que vamos a ser seguramente una de sus mayores fuentes de frustración? ¿Podemos aprender a marcar y sostener límites, libres de agresividad hacia ellos, al tiempo que les permitimos vivir y expresar la emoción?
  3. Reflexión y comprensión.Una vez pasada la tormenta emocional es el momento de apoyar, con certeras preguntas, la reflexión y la toma de conciencia de lo que ha sucedido. Validar la perspectiva desde la que el niño ha vivido su experiencia y ayudar a ampliar la mirada tras aceptar lo que ha sucedido. ¿Se ha hecho daño a alguien? ¿Cómo ha podido sentirse la situación? ¿Se puede ver de otras formas? ¿Pueden esperarse diferentes acontecimientos? ¿Se puede hacer algo para modificar la realidad?
  4. Elegir una acción responsable.Esta clave final que vamos a aportar une el crecimiento y desarrollo interno, con los signos en los que podemos ir reconociendo de forma externa esa madurez, a través de las acciones que realizan los niños a partir de lo que sienten. Mindfulness les ayuda a ir realizando pausas que permiten actuar con menos impulsividad, y a tomar decisiones con algo más de calma y perspectiva… a la vez que se integran los mensajes que les han dado las emociones. De esta forma empiezan a actuar después de escucharse a sí mismos. La confianza de los niños en sí mismos aumenta cuando los educadores validamos sus decisiones, bajo lógicas que no tienen por qué seguir nuestro “aplastante” razonamiento adulto.

El desarrollo emocional de los niños a través de mindfulness se traduce por tanto finalmente en una progresión desde el egocentrismo natural del niño hacia una ampliación de perspectivas y de empatía que aumenta su sentimiento de pertenencia hacia los diversos sistemas en los que está integrado, y con los que va a interactuar estrechamente durante su vida.

articulo de José Miguel Sánchez Cámara

fuente: http://blog.escuelatranspersonal.com/

Mindfulness: Los niños no solo crecen por fuera

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