Al llenar a nuestros niños con actividades para sentir que cumplimos como padres, escondemos el valor del ocio y del espacio vacío donde surgen las grandes obras.
La crianza de guerreros no permite hacer grandes esfuerzos ni cambios, solo repetir viejos patrones y delegar nuestra realización a nuestros hijos, que darán luchas y buscaran satisfacer nuestros deseos a costa de los suyos.
Llenamos su tiempo con actividades y estimulaciones tempranas, preparándolos para un mundo que posiblemente ellos no verán del mismo modo. Desactualizados del ahora y ciegos al futuro, imponemos hoy sutilmente un ritmo ajeno, ya heredado en nosotros, que no permite el pare; porque parar es morir.
Un guerrero no puede parar porque se encuentra con la muerte y en la guerra la muerte significa perder ante el otro que consideramos enemigo. Un enemigo ilusorio que se ha convertido en un policía interno que nos regula y hace que regulemos a nuestros hijos.
El espacio interno es indispensable para encontrar el don, las aptitudes y habilidades. Al llenar a nuestros niños (y a nosotros adultos) con actividades para sentir que cumplimos como padres, escondemos el valor del ocio y del espacio vacío donde surgen las grandes obras.  Nos convertimos en autómatas desconectados en constante competencia, así creamos soldados rasos, agentes de un sistema caduco que no tienen tiempo para ser niños.
Encerrados en nuestras creencias y pensamientos, corremos y los hacemos correr en competencia con nosotros mismos para que la verdad no nos alcance y mucho menos los alcance a ellos. Porque, ¿qué sería de nosotros si nos enfrentamos a nuestra humanidad? ¿Qué será de nosotros si devolvemos la historia y nos damos cuenta que vivimos engañados? ¿Qué pasaría si tan solo paramos y nos preocupamos por encontrar nuestro don? ¿Qué pasaría si nos atrevemos a ser felices simplemente felices como somos y no como quisiéramos ser?
Al no realizarnos, perpetuamos la guerra, una guerra que no solo ocurre afuera en nuestros países y en todo el mundo, una guerra que comenzó en casa, una guerra que nos preparó para ser individuos en paquete con talentos estándar y logros que tachamos en lista para no sentirnos perdedores. Todos somos  parte de la guerra, como guerreros nos codeamos y pisamos activa y pasivamente.  El logro del otro me recuerda mi fracaso, la luz ajena, mi sombra y el dolor en los ojos de otro ser humano mi desconexión y mi infamia.
La crianza de guerreros es más sencilla que la de individuos libres que tengan espacio y contención para encontrarse, para expresar “lo bueno y lo malo”, para ser y sin obligaciones hacer lo que nace de su profundidad.  Mirar para al techo, acostarse o caminar en silencio, saltar o simplemente hacer aparentemente nada.  Así nacerán  actividades, habilidades, dones y obstáculos;  para que un día darnos cuenta que la guerra solo existe si la perpetuamos y en un “PARE” lograremos la libertad y la paz desaprendiendo y educándonos a nosotros mismos.
Por Enara Amarillo
Fuente: http://animalespiritual.com/la-crianza-de-guerreros/
FUENTE:http://denkomesa.blogspot.com.es/
LA CRIANZA DE GUERREROS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *