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El hecho de que tus hijos pierdan privilegios lo vivirán como castigos o no dependiendo de varios factores:

  • La forma en la que lo pierde.
  • La intención  con la que se lo haces perder.
  • La creencia que genera en el niño.

Sobra decir que los límites son necesarios. Los niños se sienten seguros cuando saben a qué atenerse y hasta donde pueden llegar. Les transmiten seguridad. Pero esto solo es así cuando somos coherentes y los hacemos valer. Si el niño es mayor de cuatro años, lo ideal es que pueda ser partícipe en la búsqueda de soluciones a su mala conducta, con ánimo de que se sienta responsable de sus actos. Cuando son más pequeños y se encuentran ante algo peligroso es necesario intervenir. Cuando son muy pequeños es mejor distraer, redirigir la conducta (“salta mejor aquí”) o directamente retirar al menor del peligro.  Pero cuando son más grandes…

ES UN CASTIGO : “Cómo tardes más en la ducha te quedas sin ver los dibujos animados antes de la cena”.

ES UNA CONSECUENCIA LÓGICA: “Si el tiempo de la ducha se alarga, no vas a poder ver los dibujos animados antes de la cena. Ya sabes que las nueve son la hora límite para ir a la cama”.

(Y por supuesto, si ha alargado la ducha y se ha hecho tarde, no se ponen los dibujos, se ponga como se ponga tu hijo).

¿En qué se diferencian?

  • LA FORMA: La primera es autoritaria. Intenta imponer. Es una orden. El niño no pinta nada. No debe pensar nada. Solo actuar. Se le advierte del castigo. Porque quieres que lo pase mal por no haber hecho las cosas como debía (ducharse más rápido). La idea es: si hoy sufre las consecuencias a lo mejor mañana se lo piensa y no tarda tanto. Puedes vivirlo como el inicio de una lucha de poderes que una vez empezada no vas a dejar. Tienes que ganar y por lo tanto tu hijo tiene que perder. En la segunda, podrías pensar que la consecuencia es la misma. El niño dejará de ver los dibujos animados pero no con ánimo de que sufra por haberse retrasado sino por una cuestión de tiempo. Informas que la hora de acostarse es invariable y si se alargan algunas acciones hay que reducir otras. El niño no se pone a la defensiva porque no se siente atacado. Se siente respetado y con margen de maniobra para que pase lo que pase sea asunto de él, aunque no le guste lo que ocurra.
  • LA INTENCIÓN: Con el castigo, quieres que tu hijo PAGUE las consecuencias de no hacer caso. En la segunda opción, tu hijo APRENDE que sus acciones tienen consecuencias.
  • EL IMPACTO O CREENCIA EN EL NIÑO: En la primera, tu hijo  se siente retado, chantajeado. Dependerá de su personalidad si se siente con ganas de revancha o poco querido por sentir que ha entrado en una batalla en la que es muy probable que salga perdiendo. No existe aprendizaje, solo imposición. En el segundo ejemplo, no siente que le estés retando. Le informas de las consecuencias para que él decida. Se siente respetado y no se ha resentido su autoestima o su creencia sobre el amor que le profesas. Simplemente debe decidir y aprenderá de sus propias lecciones. Aunque, repito, le cueste aceptarlo y no le guste la idea.

Finalmente, es importante que recuerdes no caer en la tentación de simplemente usar un envoltorio diferente para castigar. La comunicación no verbal transmite más que las propias palabras y soltar una coletilla del tipo, “Ves, te lo dije. Tenías que haberme hecho caso” solo genera resentimiento. Para que realmente no impongas castigos, lo importante es olvidarte de entrar a luchar. No lo hagas, aunque te apetezca, respira y acepta que tu hijo debe aprender por sí mismo y aunque tardes más y estés cansada, es la mejor manera de que aprenda y  asuma su responsabilidad sin que se resienta  la relación entre ambos.

Artículo de Doris Marrero

fuente:http://www.familiaspositivas.com/

Diferencias entre poner un castigo y hacer cumplir los límites.

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