zenEn el mundo en que vivimos mucho, muchísimo, nos viene dado, cocinado y pensado desde fuera: mercancías, ideas, modos, modas, soluciones. Si es posible, ‘llave en mano’. Y se escucha a menudo que, siendo la oferta tan inmensa, nuestra libertad se activa ante cada posible elección. Esto sí, esto no: yo decido, yo soy libre…
¿Decido, soy libre? Hay gente que no compra ese mensaje. Sospecha que lo que busca no se colma con lo que le ofrecen (o simplemente le venden). Todos tenemos ramalazos de lucidez al despertar, hacer una cola, viajar en subte. Y esos chispazos de conciencia preguntan: ¿y si lo que busco ya lo llevo dentro? Para el Zen, meditar es buscar dentro, al punto de forjar una firme conexión con uno mismo.
¿Por qué ‘dentro’? 
 
Básicamente porque ‘lo vivo’ que buscamos reside allí. Necesito contactar con la vida para nutrirme de ella y eso que necesito (lo siento en las entrañas, me lo dicen las emociones, incluso pienso así -¡cuando pienso!-) no lo encuentro fuera. Entonces tengo que activarme en mí mismo.  Además, eso que quiero encontrar no está fuera, ni lejos. Está dentro, y muy cerca. Tan cerca que, a poco que insisto, empiezo a percibirlo: es a mí mismo a quien busco. El Zen es una herramienta de auto-conocimiento de todo lo que soy, sin rebanar ni eliminar nada.
Porque, ¿qué hay dentro nuestro? De todo. La mente, claro; y también (a menudo de forma decisiva) sentidos, emociones, reclamos del cuerpo. Cuando empezamos a percibir todo eso que somos, vemos que ‘eso’ (así llama el Zen al rico misterio de la persona) está desequilibrado, descompensado, infra-utilizado, en desorden. El que busca dentro suyo empieza encontrando cosas que tal vez no son de su agrado, al menos en el formato en que su pequeña mente se las ofrece. El Zen le permite ver todo lo propio como energía de vida, como continua posibilidad de ‘reformatear’ lo vivo que tiene, a fin de generar energía y producir equilibrio.
¿Cómo se las arregla para conseguirlo? 
 
La meditación Zen es una herramienta para educar la atención. La educamos siguiéndole los pasos a la respiración natural. Inhalar, exhalar: toda la atención allí. Una y otra vez. Con la tenacidad de quien necesita a toda costa el bienestar. De a poco, la mente y el corazón colaboran en este juego: se aquieta el tráfico de pensamientos, los movimientos emocionales se remansan.
¿Y por qué ocurre así? Nos fascina y nos nutre acercarnos a un ser vivo: un bebé, una persona con onda, un animal de compañía, una planta. No es extraño que nos fascine y nos nutra conectar con la vida que ya tenemos dentro. Absorberse en la respiración es ponerse en contacto íntimo con la energía que nos mantiene vivos. Y es lógico que eso procure ‘bienestar’, le llamemos relajación, alivio, disfrute de la situación, paz interior.
Educar la respiración es lo mismo que encontrar momentos en la vida en que dentro mío todo se aquieta y se pone en orden. Como consecuencia, empiezo a sentirme bien. La meditación es la usina de aprendizaje; la vida corriente es el terreno de aplicación de lo aprendido.
Uno educa su atención para generar en sí mismo bienestar. Y una vez que ha comenzado a meditar, sigue educando la atención porque quiere degustar cada vez bienestar.
Tips para hacer una breve (o no tan breve) meditación
 
  • Elije momento y situación oportunos. Confía en tu criterio.
  • Busca un lugar tranquilo.
  • Moviliza el cuerpo, con caminata, elongaciones, hasta estar relajado.
  • Adopta la postura sentada que consideres cómoda.
  • No te marques un tiempo de antemano.
  • Orienta toda la atención a la entrada y salida del aire.
  • La respiración es natural. Te limitas a observarla.
  • En la respiración descubres ritmos, lugares y momentos que te producen bienestar.
  • Vuelves tenazmente a esa tu “respiración de bienestar”.
  • Si te distraes, inhala profundamente y devuelve la atención al hilo respiratorio.
  • Si notas alguna incomodidad postural, corrígela y vuelve a la respiración.
  • Lo que no es respiración se va neutralizando: ruidos exteriores, barullo interior.
  • Nada se elimina (pensamientos, sentimientos). Todo se va sedimentando, en unidad.

Por Alberto Silva

Buscar lo vivo que tenemos dentro

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