images (7)Mel Elices Agudo es educadora infantil y reflexiona sobre la necesidad de apostar por una educación innovadora que tenga en cuenta las emociones y los valores. Como nos cuenta en este post, “desgraciadamente, en muchas ocasiones, tengo que escuchar eso de “en la escuela se forma, y en casa se educa”, cuando los dos ámbitos deberían colaborar juntos para el bienestar de los alumnos y de los hijos”. 

Desde pequeña, crecía en mí una gran sensación de dedicarme a la educación. Siempre decía: “yo de mayor quiero ser maestra, quiero leerles cuentos a los niños”. Me diréis, y con razón, que en la infancia todos los niños pasan por esa fase, pero muchos de ellos van cambiando como si no quiere la cosa de profesión. Yo me mantenía en mis trece. Vamos, que erre que erre. Cuando fui un poco más mayor, me decanté por realizar un ciclo formativo de grado superior de Educación Infantil. En esos momentos, no me apetecía entrar en una carrera de cuatro años (tela lo que tuve que sufrir para aprobar el Bachillerato), así que me decanté por otra alternativa, que me daría paso de forma más rápida a hacer lo que yo quería.
En mi experiencia como educadora, he visto de todo. He estado en escuelas infantiles que trataban a los niños como máquinas de hacer fichas, he estado en otras que enseñaban a leer a los más pequeños sin estar preparados, y he estado en algunas que eran un poco más flexibles y con metodologías adaptadas a los que son realmente los protagonistas: los niños. Desgraciadamente, y estas son solo mis vivencias, he estado más en las dos primeras que en las últimas. Antes de que el centro educativo en el que trabajaba cerrara por problemas económicos, decidí que estaría bien matricularse en una carrera, y escogí Pedagogía. Pero tampoco, fue la carrera, que hoy por hoy, sigo estudiando, la que me hizo cuestionarme: ¿adónde vamos a ir a parar? Fue toda la información, la lectura, las investigaciones, y la experiencia con otros compañeros, lo que me abrió los ojos y buscar diferentes perspectivas (hablando en términos educativos, claro).
Y es que es verdad. ¿Adónde vamos a llegar? Actualmente, a pesar de todos los discursos, ponencias, y talleres que dan expertos de educación, se sigue dando máxima prioridad a los contenidos académicos, a los exámenes, a las calificaciones, al intelecto. Se sigue etiquetando a los alumnos: “ese estudiante es de diez”, “ese estudiante es de cuatro”. Seguramente, todavía no les haya quedado claro a algunos centros educativos queno sabe más un alumno que ha obtenido un ocho que otro que haya suspendido.Desgraciadamente, en muchas ocasiones, tengo que escuchar eso de “en la escuela se forma, y en casa se educa”, cuando los dos ámbitos deberían colaborar juntos para el bienestar de los alumnos y de los hijos. Hoy por hoy, todavía se desprecia la innovación educativa. A muchos docentes se les ha dicho que si no dejan de aplicar nuevas metodologías les despedían de sus trabajos. ¡Incluso hay padres que se enfadan porque en las aulas no se siga un libro de texto!
Hay centros que no aplican valores, que no tienen en cuenta la educación emocional, que creen firmemente que no hace falta que los estudiantes estén felices y motivados, para que se dé un adecuado proceso de aprendizaje. Hay alumnos que se aburren, que no quieren ir al colegio, que están cansados, que se tiran hasta altas horas de la madrugada haciendo deberes, provocándoles ansiedad, estrés y depresión. Hay familias que tienen que sufrir que cada día sus hijos lloren cuando les levantan para ir al centro educativo. Todas esas cosas, que pasan más de lo que me gustaría, tapan y esconden a los que de verdad quieren hacer algo por transformar y cambiar el sistema educativo. Todas esas cosas, que parece mentira que se sigan haciendo en el siglo en el que estamos, desaniman a los maestros de vocación, a los maestros de luz, a los que sí se esfuerzan y luchan. Entonces, ¿a dónde vamos a ir a parar? No lo tengo claro, y tampoco estoy segura de si la sociedad, está preparada para que se le haga un lavado de cara al sistema. Porque evidentemente, los que primero deberían abrir la mente son las personas. Siempre las personas.
Por Mel Elices Agudo
Fuente:http://denkomesa.blogspot.com.es/
¿A dónde vamos a ir a parar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *